(Casi) abogado y periodista interesado en temas internacionales y de Unión Europea.
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Blog sobre política internacional
La semana pasada The Economist publicó en su blog sobre Asia este artículo (North Korea after he's gone) . Con motivo del 68 cumpleaños del dirigente norcoreano, Kim Jong Il, el autor se plantea las diferencias entre la postura estadounidense tras la derrota de Japón en la II Guerra Mundial y la actual ante el eventual colapso del régimen norcoreano, cuyo programa nuclear y tensiones con países del entorno, especialmente con la vecina Corea del Sur, vienen dando muchos dolores de cabeza a Estados Unidos desde hace décadas. El autor denuncia que frente a una visión a largo plazo que existía en los mandos estadounidenses hacia Japón tras la II Guerra Mundial -establecer un gobierno representativo, promover el libre mercado y la descentralización, etc.- para impedir la vuelta a un gobierno autocrático, ni Estados Unidos, ni otros Estados aliados en la zona disponen de estrategia a largo plazo respecto a que hacer en caso de que el régimen se hundiese más allá de meros planes para el control del arsenal nuclear que Corea del Norte pudiera tener. China podría ser la que sacara mayor partido. El control de los puertos que dan acceso al Mar del Japón y las concesiones de explotación sobre los recursos minerales de que dispone el país hacen sospechar que sea China la única que guarda una estrategia a largo plazo al respecto y que acabaría controlando el país, una posibilidad que en opinión del columnista humillaría a Estados Unidos y desequilibraría los cálculos estratégicos:
"A Chinese game plan like this would shock the region, humiliate the United States and upset all sorts of regional strategic calculations"
Los rumores sobre el precario estado de salud de Kim Jong Il viene dando mucho que hablar desde hace unos meses, especialmente respecto a la actitud que tomaría quien pudiera sucederle. El régimen ve acusada su inestabilidad por razón de las sanciones que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas le impusiera tras la prueba nuclear del pasado mayo y que agravan los problemas de desnutrición que sufre la población. En una conversación que tuve hace unos días con Urszula Wiatr a raíz del artículo, ella hacía hincapié en que un gobierno pro-chino en Pyongyang tensaría mucho las relaciones entre Estados Unidos y China. La resolución de esta cuestión entre Estados Unidos, China y otras potencias emergentes sería uno de los elementos que nos indicaría si vamos camino de un mundo unipolar, bipolar, o multipolar.
Desde mi punto de vista probablemente China tomará cartas en el asunto y no permitirá a Estados Unidos más que asegurar el posible arsenal nuclear que pudiera tener la república norcoreana a fin de que no cayera en manos peligrosas; aunque quizás ni siquiera eso, China podría hacerlo por sí misma e informar después a Washington. La razón es simplemente de seguridad territorial; Corea del Norte hace frontera terrestre con China y además lo hace en una de las zonas geoestratégicas y más pobladas del país, la costa este. El riesgo para China de que un gobierno no pro-chino pudiera instalarse en Pyongyang causaría una escalada de tensión en la zona ya que la logística es una de las mayores dificultades y costes económicos de los conflictos armados y el transporte de tropas y armamento por tierra es en la mayoría de las ocasiones la más fácil y rápida de las opciones. Hasta el momento Corea del Norte ha actuado como un estado tapón entre un Estado pro-occidental (Corea del Sur) y China; a esta última le interesa, y le interesará, que siga siendo así. ACTUALIZACION (JUNIO 2010): Opinión de Robert D. Kaplan en Foreign Affairs sobre la posición de China al respecto.
"Todo lo que se ha acordado en Copenhague en la conferencia sobre el cambio climático ha sido obra del acuerdo bilateral entre Washington y Pekín, el nuevo directorio del planeta, formado por las dos mayores potencias contaminantes. No es extraño que la resolución haya sido recibido de uñas por casi todos, aunque finalmente el pleno de la conferencia adoptara resignadamente el acuerdo sin votarlo bajo la burocrática forma de tomar nota. Más que en cualquier otra reunión internacional se ha visto esta vez quien corta de verdad el bacalao en el mundo."